Surgida en los momentos finales del siglo XII. Alfonso IX de León, a la tierna edad de 17 años, sucedió a su padre a su muerte, Fernando II, hermano de Sancho III de Castilla, el cual había sido sucedido al poco de su entronización por su hijo, Alfonso VIII. Ambos primos tenían como abuelo a Alfonso VII el Emperador, emperador de León y rey de Castilla. A su muerte dividió sus territorios en dos. Fernando II heredó el Reino de León (León, Galicia, Asturias, Extremadura leonesa) y Sancho III heredó el Reino de Castilla (Castilla la Vieja, Extremadura leonesa y Toledo). La Orden Boreal, con Ragnar como líder (considerado uno de los jefes boreales más sádicos de su historia), puso su mirada sobre los reinos ibéricos y creyeron conveniente hacerse con Castilla, ya que su posición central en la península, le confería un lugar privilegiado para doblegar al resto de los reinos, incluidos los territorios musulmanes del sur.

A lo largo de su historia, el León Púrpura, se ha considerado el responsable del mantenimiento del orden mundial. Su tarea nunca ha sido fácil, pues el poder que han tenido los imperios a lo largo de su historia, ha sido enorme. La sociedad secreta ha tenido que lidiar con grandes conflictos mundiales. El contexto del siglo XII difería en demasía con respecto al del siglo XX. En la época de Leonor, el esclavismo, el orden social estamental (debido al nacimiento), el patriarcado imperante, era secundario respecto a la prioridad de impedir un exceso de poder de alguna nación particular. Cuando se impuso el absolutismo (siglo XV) entre las monarquías europeas, el León Púrpura trató por todos los medios de financiar el protestantismo (Lutero, Calvino), a los misioneros humanistas (Bartolomé de las Casas) o los humanistas (Erasmo, Tomás Moro) contra los escolásticos. El punto álgido llegó en los siglos XVII y XVIII cuando promovieron las revoluciones inglesas, norteamericana y francesa. Poco después llegó Napoleón, el cual la Orden Boreal supo hacerle pasar por progresista, aunque los púrpuras encontraron la salvación en España y Rusia para evitar que Europa cayera en manos de un impostor. El resto del siglo XIX fue todo un éxito para el León Púrpura al relanzar los nacionalismos que acabaron con los particularismos europeos, aunque crearon el poderoso Imperio alemán, paradigma del autoritarismo. Éxitos fueron los impulsos democráticos, los movimientos obreros, el fin del feudalismo en el Imperio ruso y el sufragio universal, aunque masculino. Fracasos fueron el colonialismo en África, el capitalismo radical (cárteles, trusts y holdings) y el germen de la Primera Guerra Mundial. El cambio de siglo trajo el cambio de orden en el que los borealis alcanzan la hegemonía hasta que Arkab elimina al líder boreal, el cual, con su poderosa personalidad, había aplastado toda disidencia interna rodeándose de una camarilla de aduladores sin sentido estratégico y sin personalidad. Solo uno de ellos podía considerarse valioso, Odín, agente doble en el León Púrpura con el nombre de Draco. Éste se hizo con la orden y en vez de conformarse con el liderazgo de una sociedad secreta destruida por la casi derrota de las potencias centrales, la destruyó y, de las ruinas, erigió otra mucho más ambiciosa y concentrada en el culto a su persona, la Sociedad Thule, la fundadora del partido nazi. Pronto el León Púrpura entró de nuevo en crisis hasta que Arkab alcanzó el Trono Púrpura. Arkab contra Odín, dos personas antagonistas con una personalidad impresionante que se enfrentan teniendo como objetivo el trono mundial. La Segunda Guerra Mundial no es más que el campo de batalla…