Fundada la orden en el año de 1188 en el mes de mayo en la ciudad de León, capital del Reino de León por Leonor López, hija de Lope, el herrero personal del rey Fernando II y de su hijo Alfonso IX.

Todo sucedió muy rápido. Una conjura contra el rey propiciada por la Orden Boreal intentó acabar con la vida del joven rey Alfonso. El plan pasaba a corto plazo por unir las coronas de León y Castilla en la figura de su primo, el rey castellano, Alfonso VIII. Los conspiradores pretendían anular el reino de León para hacer un reino cristiano verdaderamente fuerte en el centro de la Península Ibérica. El rey castellano vivía ajeno a ello. Después sería el resto de entidades peninsulares. Portugal y Aragón caerían en la órbita de Castilla, la cual sería manejada al antojo de los borealis para acabar con los almohades y quedar Hispania unificada tras un reino títere controlado por la sociedad secreta defensora del Poder Blanco sobre las demás razas.

Por error, mataron al padre de Leonor y esta se propuso llegar al fondo de la cuestión. Qué tenía que ver su padre en todo eso y cuál era el alcance de la conspiración. Para hacerlo se hizo pasar por un hermano suyo y tuvo el coraje de pedir clases de esgrima a uno de los principales conspiradores en la corte leonesa y un lacayo del líder boreal. Tiempo más tarde, una vez dominado el arte de la espada, se puso una armadura hecha por su padre, la tiñó de color negro y le pintó en el pecho un león rampante de color púrpura, la enseña del Reino de León. El color negro de la armadura simbolizaba la oscuridad de su plan y el misterio que encerraba el convertirse en el azote de los conspiradores una vez comenzó a fraguar su venganza…

La Orden Boreal manejaba a su antojo a los Estados Pontificios con el Papa a la cabeza. También, por entonces controlaba indirectamente a Francia a través de varios de sus vasallos, igual que a los vasallos ingleses y también al Sacro Imperio Romano Germánico. En España pensó que Castilla era la mejor opción para controlar a los estados ibéricos debido a su posición central, así que urdió un plan magistral para conseguir que los estados cristianos de la Península Ibérica doblaran las rodillas ante el empuje castellano. Pensó primero en acabar con la antigua hegemonía leonesa, ya disminuida por la independencia de Portugal y Castilla. Con el tiempo consiguió la alianza de estos dos para reducir a cenizas a León, el cual tuvo que establecer una alianza impensable con los almohades. Leonor ayudaba en la sombra a su rey, Alfonso IX. Sin embargo, se produjo en el año 1230 la unión de los dos estados que surgieron en igualdad de condiciones en el siglo XI, elevando a reino el condado de Castilla en la figura de Sancho II. Como único rey de las dos entidades quedó Fernando III, el cual «convenció» a sus medio hermanas para renunciar al trono leonés en su favor. Ragnar, el líder boreal, se salía con la suya y, desde entonces, nada más se supo de Leonor. Muchos dijeron que la fundadora del León Púrpura había muerto, otros que había desaparecido de Hispania para acudir a Roma y al corazón del Imperio para sacudir a estos dos del yugo boreal. Tras la unión de las coronas, la Guarida se trasladó al corazón de Europa, siendo desde entonces la sede actual.

Si la primera cruzada surgió por iniciativa boreal para encontrar la Atlántida, las demás fueron escenarios de batalla donde púrpuras y boreales luchaban en uno y otro bando confundiéndose para lograr sus fines. El León Púrpura actuaba como contrapeso de la ferocidad boreal para hacerse con el control mundial.

Allí donde estaba el poder mundial y su influencia a lo largo de los siglos, ambas sociedades secretas se afanaban en destruir al contrario. En el siglo XI, en el momento de la fundación de los borealis (1095), el escenario era Tierra Santa, con la consiguiente conquista cristiana al mando de los templarios manejados en la sombra por la Orden Boreal. En el siglo XII, el Imperio y la Península Ibérica en su lucha contra los musulmanes y la fundación del León Púrpura, que fue el verdadero antagonista de los borealis. En el siglo XIII, la continuación y el desplazamiento hacia Europa central (con la lucha del Imperio contra el Papado por la hegemonía espiritual) y Francia. El siglo XIV vio nacer el conflicto entre Francia e Inglaterra, siendo un conflicto  donde uno y otro apoyaban a uno y otro bando (Inglaterra, los borealis; Francia, los púrpuras). El siglo XV vio acabar la Guerra de los Cien Años, la caída de Constantinopla y el Imperio bizantino y el ascenso como primeras potencias mundiales a los estados ibéricos en su lucha por el dominio mundial a través del colonialismo y el descubrimiento de América por la iniciativa de Colón.

En el siglo XVI quedó España como única potencia mundial hegemónica y las sociedades se afanaron en controlar las claves de poder del Imperio español, siendo marcados los años por la victoria de uno u otro adversario.

El siglo XVII vio en la Guerra de los Treinta Años un escenario inigualable con las guerras cristianas una oportunidad especial para aplastar definitivamente al rival. las revoluciones inglesas fueron fomentadas por los púrpuras para acabar con el control real sobre la población inglesa, al igual que en el siglo siguiente fueron fomentadas la norteamericana y la francesa con resultados desiguales. Napoleón fue el ímpetu reaccionario boreal ante la hegemonía púrpura en el último tercio del siglo XVIII. Disfrazado como liberador de la opresión, Napoleón fue conducido por el líder boreal para subyugar y uniformar Europa, la cual seguía siendo el foco mundial del poder.

El siglo XIX fue una lucha constante entre ambos rivales debido a las revoluciones, los nacionalismos (fomentados por los púrpuras para evitar la concentración de poder), el socialismo y la revolución industrial. Alemania se unificaba por fomento boreal, que veían colmados sus deseos en el corazón mismo de su poder. El León Púrpura pasaba por malos momentos y su travesía en el desierto la pagó con el colonialismo de África, donde las potencias nuevas (Alemania, Bélgica) y las viejas (España, Portugal, Francia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda) se repartían el continente con el aparente motivo de civilizar a los nativos. Las viejas rivalidades, junto con el ímpetu de las nuevas potencias extraeuropeas (Estados Unidos y Japón), llevaban al límite las rivalidades entre estados llegando a mediados de los años 10 del siglo XX a la contienda mundial, la que sería llamada la Gran Guerra y cambiaría su nomenclatura tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Llegó un momento en pleno auge de la rivalidades coloniales en el que los borealis fomentaban el enfrentamiento y la subyugación de lo que consideraban las razas inferiores (todas aquellas que no fueran la raza blanca, la raza aria) y los púrpuras ponían su énfasis en la concordia y en la autonomía de los pueblos que ostentaban diferentes etnias (los Balcanes, las naciones árabes del Imperio otomano, el África colonial, de la que solo se salvaba Etiopía, la única verdaderamente independiente y los territorios del Imperio británico como la India, Australia, Irlanda, Canadá y Nueva Zelanda).

El periodo de entreguerras (1918-1939) fue especialmente duro para asegurar una paz que tan solo era armada. Intentos como la Sociedad de Naciones, fueron eclipsados por los duros armisticios impuestos a las potencias perdedoras (Alemania, Austria-Hungría, Imperio otomano y Bulgaria). El rey púrpura (el León Negro) fue el principal promotor del terrible castigo impuesto a Alemania debido a que este país era el origen de la Orden Boreal y, por tanto, donde esta tenía mayor poder e influencia. En un intento de evitar que se produjera de nuevo una contienda a nivel mundial, el líder púrpura quiso aplacar a las potencias centrales desarticulándolas casi por completo. Francia fue el principal país instigador de ello al querer resarcirse por medio de la venganza de la humillante derrota a manos de Prusia en 1870 por el que acabó produciéndose la unificación de Alemania (II Reich).

Pero pasó algo inesperado. La Orden Boreal empezó 1914 siendo casi incontestable por una débil Orden del León Púrpura, pero a medida que avanzaba la contienda y los Aliados de la Entente Cordiale conseguían frenar el ímpetu de las potencias centrales, unido al asesinato del líder boreal a manos de Arkab (por entonces con el grado de paladín y ascendido inmediatamente después a príncipe, siendo algo inaudito en la Orden debido a ascender dos grados de golpe, saltándose el de heraldo), consiguieron cambiar las tornas de la contienda incluso después de la Revolución de octubre por el que se gestó la URSS (1922). En agosto de 1918, recién eliminado el líder de la Orden Boreal, se creó en Múnich la Sociedad Thule (Thule-Gessellshaft) a manos de Odín (el Enmascarado, llamado así por el León Púrpura), la cual, en tiempo récord, consiguió absorber la Orden Boreal eliminando al resto de los dirigentes importantes. En el trancurso de la entronización del nuevo líder boreal, este personaje dio todo un golpe de estado sobre la élite boreal. Odín fue uno de los principales líderes de la Orden Boreal. Con el nombre de Draco, siendo príncipe del León Púrpura, actuando de agente doble al cargo boreal, escapó del ritual del traidor cuando fue descubierto por Arkab, el mismo que ejecutó el ritual, pero tan solo marcándole la frente y cortándole una de las manos, la izquierda.

Los logros thulianos fueron la creación del DAP (Partido Obrero Alemán), que tras la aparición de Adolf Hitler, encontrado por Odín, se remodeló en el NSDAP (Partido NacionalSocialista Obrero Alemán), el partido que luego se haría con el poder en Alemania creando el III Reich, germen de la Segunda Guerra Mundial. La Sociedad Thule impulsó el Partido Nacional Fascista (de Mussolini), las dictaduras en España y Portugal y el odio hacia los judíos, que los declaraba como culpables de la derrota alemana en la Gran Guerra. En 1933 Hitler se hizo con el poder y un año más tarde declaraba abolida la República de Weimar estableciendo el III Reich. En 1938 anexionó Austria formando la Gran Alemania, los Sudetes checos y fijó su próximo objetivo en Polonia, repartida de antemano con la Unión Soviética. Francia y Gran Bretaña, instigados por el León Púrpura. Los años previos a la contienda, aprovechando la fragilidad transitoria de su antagonista, Odín instigó el golpe de estado  en España y financió a los golpistas moviendo a las fuerzas fascistas a su territorio para derrocar a la II República. Hitler, Mussolini y Franco se alzaban victoriosos en una perpleja Europa democrática que no supo reaccionar ante la ausencia de Arkab (como rey desde 1925) ante el empuje thuliano. Llegaba la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939…