La trama se desarrolla justo donde acaba el anterior libro, la 2ª parte de la Saga León Púrpura, La Máscara del Miedo.

CONTEXTUALIZACIÓN DE LA ÉPOCA

La tercera y última parte de la Saga León Púrpura se ubica en los años finales de la Segunda Guerra Mundial, justo cuando los Aliados (URSS, E.E.U.U., Reino Unido y la Francia Libre del General De Gaulle) dan la vuelta a la contienda y comienzan a tener la iniciativa. Desde mediados de 1943, el avance aliado y el retroceso del Eje es inexorable. No obstante, Alemania, pone las cosas muy difíciles a las fuerzas rivales.

Hitler pensaba que la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939 iba a ser otro paseo triunfal en el que las fuerzas democráticas rivales (Francia y Reino Unido) se iban a quedar al margen salvo una condena moral, como había pasado en veces anteriores (Remilitarización de Renania, sobrepaso de los 100.000 soldados, Anchsluss con Austria, Crisis de los Sudetes, Protectorado de Bohemia y Moravia, Satelización de Eslovaquia, Anexión de Memel). No obstante, los Aliados, reducidos a dos tras la pérdida de aliados como Rusia (convertida en la Unión Soviética en 1922 y aislada del concierto internacional, Japón, convertido en un imperio autoritario fascistizado e Italia, el pionero del fascismo). Hitler había afirmado que estaría preparado para la guerra a mediados de los años cuarenta, justo cuando acabó la mencionada guerra. Alemania tenía graves problemas de abastecimiento de petróleo, además de que su economía estaba mal planificada para largo plazo. El III Reich no hubiera aguantado mucho más aunque no hubiera entrado Estados Unidos en la guerra. La Unión Soviética pronto se reveló como una superpotencia que solo los norteamericanos podrían hacer frente. Las viejas naciones europeas colonialistas agotaron su crédito dependiendo en demasía de los americanos del otro lado del océano Atlántico. Francia sucumbió a Hitler y se estableció un protectorado-país libre en el sur (la Francia de Vichy, teniendo al mariscal Petain como colaborador con el régimen nazi aceptado ser un satélite de la Gran Alemania).

Batallar en dos frentes simultáneamente fue la perdición de Adolf Hitler, el cual se reveló como un pésimo estratega cuando dejó de hacer caso a sus generales más inteligentes y preclaros. Mussolini le confesó que solo podría entrar en la guerra a partir de 1943. Su mayor dependencia del petróleo, su obsoleta maquinaria de guerra y sus deficiencias internas en materia agrícola e industrial, hizo que pronto cayera en la órbita del III Reich como un satélite más de facto.

La España vencedora de la guerra civil del golpista general Franco se manifestó proalemán en un primer momento, sin embargo, a medida que avanzaba la cvontienda, el astuto dictador, empezó a mostrarse ambiguo en sus intereses y pidió a Hitler unas demandas territoriales inasumibles. Cuando los Aliados se pusieron al frente de la guerra, Franco hizo un rápido lavado de cara al régimen fascista que había impuesto tras la purga a los republicanos. Apartó a su cuñado, Ramón Serrano Súñer, reconocido falangista y proalemán, partidario de la entrada en la guerra y renovó su gabinete metiendo a una suerte de ministros afines de corte militar. La Iglesia tuvo a partir de entonces un mayor poder y protagonismo y alejó a los Aliados de su territorio como un posible objetivo.

Japón desde el principio de la guerra tenía la necesidad demográfica y económica de expandirse, así que pensó que China sería una magnífica opción. Después de conseguir establecer una especie de protectorado en Manchuria, con el nombre de Manchukúo. El problema radicaba en que China era miembro de la Sociedad de Naciones y eso comportó una condena moral sobre el Imperio del Japón. Las democracias occidentales no se atrevieron a más, también por no ser un problema de primer nivel para ellos, pese a que Estados Unidos y el Reino Unido tenían intereses en la zona. En cuanto empezó la guerra, se volvió insostenible que americanos y nipones compartieran un mismo espacio de influencia en el Pacífico. Pearl Harbor en diciembre de 1941 marcó el inicio de Estados Unidos en la guerra y la lucha por el control del Pacífico. Un serio revés para el Eje, ya que los norteamericanos no solo se conformaron con desplegar sus fuerzas en el oceáno más grande del mundo, sino también pusieron sus miras en Europa.