Todo el mundo puede llegar a pensar que la democracia tal y como la concebimos hoy día es en realidad el poder del pueblo. Eso estaría muy bien si no fuera porque en realidad la democracia que tenemos en Occidente no existe de manera real.

Puede parecer revolucionario, pero nada más lejos de la realidad. Votamos cada cierto tiempo y dejamos el poder en manos de nuestros representantes. Eso no diría yo que es el verdadero poder del pueblo. Entonces, ¿qué es lo que tenemos? Pues gobiernos representativos en forma de república o monarquía con una élite que nos dice representar (el parlamento).

Digamos que tenemos un pueblo que tiene derecho a votar cada cierto tiempo, pues muy bien. Eso es mejor que una dictadura, donde al no sentirse legitimada, tiene la necesidad imperiosa de aplastar la oposición al régimen. En un estado totalitario, a diferencia del autoritario, además tenemos un líder que se cultiva un culto a su persona, creando un partido político que es brazo armado, político, social y policial por encima de cualquier otra fuerza de autoridad (policía, ejército, guardias municipales, etc.), ya que es cómodo porque son controladas sus conciencias desde la personalidad carismática de un líder. Todo es el estado y nada escapa a su control (Italia fascista, Alemania nacionalsocialista, Unión Soviética estalinista).

Por cierto, por si no lo habíais notado, sí, la democracia liberal de occidente también tiene sus métodos de control porque en realidad la clase política sabe que no goza de la legitimad suficiente, ya que te trata como menores de edad una vez le has otorgado tu voto. Lo hace en forma de leyes que benefician a esa élite social que forman ellos y nunca verás que tienen verdaderos organismos de control político de las altas esferas, pues el poder judicial está politizado en mayor o menor medida, así que…

Y tú te preguntarás qué puede hacer un ciudadano de a pie. Pues puede hacer mucho más de lo que otorga cada cierto tiempo y en realidad ya lo está haciendo. Y eso es la voluntad de consumo, porque todos los días, todo el tiempo estamos consumiendo, en el sentido de usar medios a nuestro alcance para llegar a ciertos fines.

De ese modo se crea la denominada sociedad civil, la cual será más o menos democrática en función de la media de su consumo diario.

Podemos consumir a diario televisión de calidad (aquella que la usamos como premio a nuestra conducta) o de baja calidad (aquella que la usamos como evasión de nuestros problemas y/o responsabilidades), comprando prensa que se alinea con nuestra manera de pensar que es de tipo excluyente respecto a grupos sociales o para informarnos y hacer crítica social, hablando mal de aquellos que nos rodean para sentirnos superiores a ellos sin haber movido un dedo (envidia, que no es más que admiración disfrazada) o intentar estrechar lazos para cada día ser mejores personas, demostrar nuestro cariño y sentimientos a quienes nos rodean o, sin embargo, pretender compararnos a los demás para ocultar una falta grave de autoestima, tener inquietudes que nos envuelvan cada día en una espiral de crecimiento, motivación y mejora constante o embarcarse en un tedio infinito que nos lleva a acogernos a adicciones que solo nos evaden de una realidad que nos aplasta y nos asfixia.

No nos engañemos, los políticos son nuestro reflejo, nos representan y no harán nada que no quiera la sociedad civil, de ahí la importancia del consumo diario de nuestros actos que nos lleva a demandar unas cosas y no así otras.

De este modo, una sociedad civil no democrática demandará seguridad, orden, una visión materialista (comida, abrigo y posesiones, espiritualidad basada en el temor) y, en cambio, una sociedad civil democrática luchará por los derechos civiles, por la libertad (que solo es verdadera cuando va acompañada del mismo grado de responsabilidad), una visión postmaterialista (cultura, inquietudes intelectuales, espiritualidad entendida desde un grado de igualdad, igualdad de oportunidades).