Mucho se está hablando del conflicto catalán, aunque debería decirse catalanista.
Los independentistas han querido que el resto pensemos en Cataluña y nos venga a la cabeza una estelada, ya sea azul (de corte más bien derechista o de la burguesía, la que suelen enarbolar los partidarios de Junts pel sí) o amarilla (de corte socialista o comunista, la que suelen llevar los partidarios de la CUP).
Las manipulaciones históricas son frecuentes, no son de uso generalizado en la Cataluña gobernada por los independentistas, pero ese es otro tema… Ahora hablaré de lo que en realidad pasó desde el concepto «Cataluña» a lo largo de la historia.
Antes de nada, decir que, hablando en castellano, es lógico decir Cataluña, aunque el nombre oficial sea Catalunya. No es de reaccionarios, es de sentido común, porque en Londres (que no London), a España se la refieren como Spain, aunque el nombre oficial sea España. Referirse con «ñ» no te convierte en fascista, franquista o de la ultraderecha. Una de las manipulaciones, por cierto.
Hablar de Cataluña es hablar de los llamados «Condados Catalanes». Primero aclarando que este término, cuando existían como entidades independientes unas de otras, dependientes por cierto de los carolingios primero, es un término moderno y aglutinador, para poder comprender una entidad separada del concepto «Aragón», pero que nunca se llamaron así en su contemporaneidad.
1º Hay que remontarse al Imperio Carolingio y a la creación de la Marca Hispánica (795) para empezar a dar forma a lo que luego fue Cataluña. Fue una zona colchón creada para separar el Imperio carolingio y el Emirato omeya de Córdoba (Al-Ándalus). Ducado de Gascuña, Ducado de Aquitania y la Septimania carolingia. En un principio, esta marca, comprendía los territorios al sur de los Pirineos (desde País Vasco a Cataluña). A diferencia de otras marcas carolingias, esta marca no tenía una estructura unificada propia. Se establecieron condes de origen franco y otros de origen autóctono, según criterios de eficacia militar en la defensa de las fronteras y de lealtad y fidelidad a la corona. La Marca Hispánica se creó cuando se arrebataron estos territorios a los musulmanes. La conquista de Gerona (785) y Barcelona (801).
De todos ellos, los que alcanzaron mayor protagonismo fueron los de Pamplona, constituido en el primer cuarto del siglo IX en reino; Aragón, constituido en condado independiente en 809; Urgel, importante sede episcopal y condado con dinastía propia desde 815; y el condado de Barcelona, que con el tiempo se convirtió en hegemónico sobre sus vecinos, los de Ausona y Gerona.
La población local de las marcas era diversa, incluyendo grupos montañeses autóctonos, íberos, hispanorromanos, vascones, celtas, bereberes, judíos, árabes y godos.
Después de morir Carlomagno, el imperio se desintegró en tres y lo que se conoció como Francia Occidental, fue el que siguió ejerciendo el control sobre la Marca Hispánica. Los francos dejaron las fronteras entre condados tal y como estaban en el Imperio Romano de Occidente y posteriormente en el Reino Visigodo de Tolosa, primero, y luego el Reino Visigodo de Toledo, después. Narbona (Francia) fue la sede metropolitana a nivel religioso, aunque se pretendió que fuera reinstaurada la de Tarragona.
El condado de Barcelona tenía preeminencia sobre los demás condados (Pallars, Ribagorza, Urgel, Gerona, Osona, Ampurias, Rosellón, Cerdaña) y pagos (circunscripciones menores) (Berga, Vallespir). Desde comienzos del siglo X, Barcelona se hizo con Gerona y Osona, momento que la Marca Hispánica (o Española) se estabilizó en una frontera con la Marca Superior andalusí, con capital en Saraqusta (Zaragoza).
En tiempos de Almanzor (finales del siglo X y principios del XI), los condados de la Marca Hispánica se mantuvieron a la defensiva. Con la desmembración en taifas del Califato de Córdoba, los condados comienzan su ofensiva y empiezan una expansión hacia el sur a costa de las taifas de Lérida y Tortosa, exigiendo el pago de parias a cambio de compromisos de no agresión.
Los lazos de dependencia con la monarquía franca se fue debilitando. La autonomía se consolidó al afirmarse los derechos de herencia entre las familias condales. Esto fue acompañado por un proceso de unificación de los condados hasta formar entidades políticas más amplias.
Wifredo el Velloso (845-897) fue el último conde de Barcelona impuesto por los francos, a partir de ahí se establece una sucesión hereditaria. Se forma así la base patrimonial de la casa condal de Barcelona.
En el 985, Almanzor saqueó Barcelona. El conde, Borrell II se refugia en Montserrat pidiendo ayuda al rey franco. Éste no respondió y, en el 988, aprovechando la sustitución de la dinastía Carolingia por la Capeta, no consta que el conde prestase el debido juramento de fidelidad, aunque el rey lo pidió por escrito. Este hecho es considerado como la independencia de facto (oficiosa), que no de iure (oficial), del condado de Barcelona.
La llegada de los almorávides supuso un freno en la expansión de todos los territorios cristianos, sobre todo después de la derrota en la batalla de Zalaca (1086) de quien era el gobernante más poderoso, Alfonso VI de León, el cual se había autoproclamado Imperator totius hispaniae debido a la reconquista de Toledo (1085).
En el año 1137 se produce un hecho relevante y crucial en lo que hoy entendemos como Cataluña. El rey de Aragón, Ramiro II el Monje, tenía una hija, Petronila, firmando con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, los esponsales entre ambos. En 1150 se llevó a cabo la boda, uniendo el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona, creando el germen de la Corona de Aragón. El conde de Barcelona reinó como conde y príncipe de Aragón, gobernando en nombre de su esposa, Petronila, la cual ostentaba el título de reina de Aragón. Su hijo, Alfonso II, fue el primer rey de la Corona de Aragón (1164). Ostentó los títulos de rey de Aragón, conde de Barcelona, de Gerona, de Osona, de Cerdaña, de Sobrarbe y de Ribagorza (estos dos últimos dentro del denominado reino de Aragón).
La casa reinante fue la Casa de Aragón (debido a considerarse un matrimonio matrilineal, en el cual la esposa es la que pasa su dinastía), aunque sí que es cierto que la Casa de Barcelona tuvo su preeminencia no oficial.
La bandera (senyera) de lo que hoy es Cataluña (la denominada cuatribarrada, aunque debería decirse cuatripalada, al ser cuatro palos, no cuatro barras, según la heráldica) es la señal real de los reyes de Aragón. Es decir, los reyes, con los colores de su dinastía, dieron forma vexilológica a los diferentes territorios de su monarquía (Reino de Aragón, condado de Barcelona, luego llamado Principado de Cataluña, cuando se adquirió el territorio de la denominada Cataluña nueva (Sur de Lérida y Tarragona), Reino de Valencia, Reino de Mallorca, Reino de Cerdeña, Reino de Sicilia, Reino de Nápoles.
Hay diversas teorías diciendo que el origen de la bandera está en la casa condal de Barcelona, aunque dichas teorías no están nada claras.
La fecha en la que los condados catalanes se independizan formalmente de Francia (de iure) es el 11 de mayo de 1258, reinando en la Corona de Aragón Jaime I el Conquistador. Tratado entre éste y el rey francés, Luis IX. El rey aragonés cedió derechos sobre territorios occitanos (sur de Francia) y el francés sobre los condados catalanes, que pasaron a depender únicamente del rey de la Corona de Aragón.