Hoy nos centraremos en la idelogía del mayor de los León Cabaleiro.
El nacionalsindicalismo, también denominado falangismo, es una teoría económica y política nacida en 1931 en España, de inspiración fascista y adaptada a las particularidades de la España de la época.
De carácter anti-parlamentario y contrario a los partidos políticos, defiende el corporativismo basándose en un Estado totalitario a través de un sindicato único y vertical en el que se aglutinarían empresarios y trabajadores al servicio de la nación. Se define anticapitalista y antimarxista (tercerposicionismo) y destaca por su nacionalismo extremo y su defensa del catolicismo, contemplando la vía revolucionaria para alcanzar sus objetivos políticos
Bandera del nacionalsindicalismo, inspirada en los colores tradicionales del anarcosindicalismo.
Su origen tiene lugar en el ámbito de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), movimiento ideológico formado por la unión del grupo reunido en torno al semanario La conquista del Estado (reflejo de su homónimo italiano La conquista dello Stato editado por el fascista Curzio Malaparte), liderado por Ramiro Ledesma y las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo. Tras la fusión de las JONS con la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera tiene lugar su desarrollo pleno.
Es durante la dictadura de Francisco Franco cuando el nacionalsindicalismo adquiere un carácter «oficial», siendo un importante sostén ideológico para el régimen en sus primeros años. Sin embargo, comenzaría a perder peso en la política nacional desde que se comenzaron las políticas aperturistas (en 1955 España entra en la ONU, en 1956 se produce la visita de Dwight Einsenhower, etc.) en favor de otros sectores como los tecnócratas, hasta que en 1967, con la Ley Orgánica del Estado, el papel de partido único pasó a ser realizado por el Movimiento Nacional. Tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, el falangismo ya es arrinconado a un papel testimonial.
Su doctrina se basa en una concepción totalitaria del capitalismo y la economía. Contraria al marxismo y al leninismo, desde el nacionalsindicalismo se defiende lo que sus teóricos denominan como un «Estado sindical» en el que no habría cabida para los partidos políticos, afirmando superar así la tradicional división de corrientes ideológicas entre izquierdas (comunista, socialista o socialdemócrata) y derechas (conservadora o liberal).
La génesis de este movimiento se halla al principio de la década de 1930, periodo en el que el fascismo se extiende por diversos países de Europa. Sus bases ideológicas comienzan a sentarse un mes antes de proclamarse la Segunda República Española con la aparición del semanario La conquista del Estado. Sus fundadores son un grupo liderado por Manuel Echevarría que, admiradores del régimen fascista de Benito Mussolini en Italia, veían en esta ideología el medio para implantar un Estado totalitario en España. Ledesma lanzó la idea de un Estado sindicalista y totalitario de marcado carácter nacionalista. Para alcanzar sus fines se contempla el ejercicio de la violencia.